Crónica del Big Festival 2013 [Jonbil]

Los conciertos comenzaban a las 7 de la tarde del pasado jueves en el estadio Aguilera, en la bonita ciudad de Biarritz, al sur de Francia; aunque es cierto que desde la mañana ya había actividades (como dj´s o conciertos gratuitos) promovidas por el festival en otros puntos más o menos cercanos al del escenario principal. Quisimos entrar desde el primer momento en el que abrieron las puertas del Aguilera, sí, y de verdad que nos interesaba ver a los guipuzcoanos John Berkhout y a Jonathan Wilson, pero la parte francesa de la organización no sabía por dónde le daba el viento y (haciéndonos esperar como si alguien tuviera que confirmar algo) tardaron casi dos horas en indicarnos dónde podíamos recoger las acreditaciones. En muchas ocasiones comprobamos que gran parte de la organización brillaba por su ausencia, pero bueno, vamos a lo que vamos…

Entramos al estadio para descubrir que iba a haber sitio más que de sobra, incluso delimitando con vallas más de la mitad del campo como hicieron; estaba todo el suelo cubierto por un plástico azul que vino muy bien para que quien quisiera disfrutase de la música sentado, y pudimos escuchar los últimos segundos de Jonathan Wilson y su banda. En pocos minutos ya estaba el excelente Gary Cark Jr sobre las tablas, completando con otros tres músicos un combo de blues rock que flirteó con la psicodelia, con el hard rock e incluso soltó balada, sin dejar de moldear riffs que a muchos nos hicieron mover el cuerpo. Como ejemplo se me ocurre la tremenda Don´t Owe You A Thang.

No estaba tan lleno como yo esperaba, pero aún así para el momento en el que el Neil Young y su más certera banda de acompañamiento (Crazy Horse) saltaron al escenario, el espacio parecía un poco más concurrido y apareció un tipo gritando continuamente que tocasen Ordinary People. Esa extensa canción no cayó, pero dieron muchos motivos a sus fans para estar felices y cardíacos, como si se tratara del Rust Never Sleeps del s. XXI. Abriendo con la enorme Love And Only Love y cerrando el show con el bis doble Rockin On A Free World y Hey Hey My My (Into The Black) insertaron con auténtica maestría canciones de algunos de sus mejores discos: en la parte acústica en la que Young quedó solo con la guitarra interpretó Heart Of Gold, Human Highway y el clásico de Dylan Blowin In The Wind mientras que con los Horse escogió muy buen material sin dejar de lado su más reciente (y también interesante) trabajo de estudio. Eso sí, dos importantes “peros”.  Uno es que no interpretaron nada anterior al Harvest (1972): dónde ha quedado tocar cualquiera de los temas que conforman esos tres primeros discazos del canadiense? Y la otra salvedad es que hiciera un solo bis; a todos nos hubiera flipado terminar con algo como Fuckin´Up o con cualquier otra joya del monstruoso cancionero del que es poseedor y no lo hizo. Tampoco podemos quejarnos mucho porque se trataba de un festival a medio llenar y estos tíos tocaron en realidad más de dos horas con su habitual alquimia intacta y haciéndonos vibrar sin parar. Nada, que a este alumno le quería poner yo un sobresaliente desde hace tiempo, pero supongo que dadas las circunstancias se me quedó en un 8,5.

El viernes no pudimos acudir al festival pero nos enteramos de que además del cartel ya conocido en el escenario principal, también estaría la veterana Rickie Lee Jones ofreciendo un concierto gratuito en la playa. Una pena no haber podido volver a verla, porque nunca defrauda en directo. Así que el mismo sábado volvimos por la tarde al estadio y comenzó el bolo de Two Door Cinema Club. El estilo de los irlandeses no es de mis favoritos, pero teniendo eso en cuenta reconozco que se marcaron un concierto interesante, vitalista y con melodías adictivas para según qué ambiente. Next Year fue uno de los momentos álgidos para el público y se despidieron sin decir demasiado salvo lo cantado en sus temas bailables, dejando paso al gurú del funk.

Menudo concierto se avecinaba: George Clinton, el tipo que aunque no inventó el funk sí que lo dotó de nuevas vías a las que adherirse. También anticipó el hip hop y yo diría que incluso el acid jazz. Salió con toda la familia al completo (el colectivo P-Funk Allstars) de la que destacamos la participación a la guitarra del ya mítico Michael Hampton, apodado Kidd Funkadelic, que se unió al grupo a los 17 años y que lleva más de 4 décadas en sus filas.

Salieron a matar con Flashlight, aquella que cerraba el disco conceptual de Parliament de 1977, que sonaba a pura fiesta incluso para los que jamás habían escuchado nada de su carrera. Lo flipamos en colores cuando sacó a una de sus muchas coristas totalmente enfundada en azul para rugir de lo lindo con el Crazy de Gnarls Barkley mientras el público la compañaba en el estribillo. El legado más comercial (aunque igualmente excelente)  del colectivo Parliament-Funkadelic apareció al final del show, con un Give Up The Funk (Tear the roof of the sucker) cantado a viva voz por todos y un extenso Atomic Dog (de Clinton en solitario pero interpretado siempre en sus conciertos) que cerró de forma magistral. Magistral pero insuficiente en cuanto a tiempo, pues el concierto duró hora y cuarto.

Comprobamos a ojo que la asistencia era probablemente una cuarta parte de la que hubo el primer día, pero me parece que precisamente por eso deberían haberse enrrollado y haber soltado al menos 2 temas más de su amplio catálogo,  era todo lo que pedíamos. Sobre todo porque estando en el clímax de la actuación cogieron y se largaron las casi 20 personas del escenario. La fiesta se fue a otra parte. Y aunque sí que se veía a Clinton mayor (se sentaba gran parte del tiempo y su voz sigue teniendo pelotas pero ya no suena, lógicamente, tan potente como en los setenta) podían haber cumplido con un minutaje más acorde con los cabezas de cartel, aunque me parece que ese fue en parte el problema; Clinton y sus colegas no fueron cabezas de cartel y eso fue un gran error. Les colocaron justo antes de la última actuación, y ésta fue la de Breakbot, un reputado Dj francés que lo que hizo fue mezclar temas bailables conocidos con texturas más “ambient”, y joder, no sonaba mal pero no encajaba demasiado para el cierre de un festival. O bueno, que no hubieran dejado la fiesta funky para el final no es lo peor, lo peor es que no se pudiera (por lo que fuera) disfrutar de un concierto de Funkadelic y Parliament como se merece, más aún hoy en día, que puede que haya sido nuestra última oportunidad.

Coitus interruptus amigos, pero al menos durante un breve tiempo hubo placer. Y del bueno.

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En este blog distribuimos toda la información que encontramos sobre conciertos, discos, bandas, etc. Un blog sobre la música que te gusta, los mejores grupos, los conciertos más grandes y los más pequeños. Lee sobre rock, en un blog pensado para disfrutar de la música y todo lo que la rodea. Recuerda que este post fue originalmente publicado en: No Rock Solo. Blog de música independiente, cultura, social media y marketing http://feedproxy.google.com/~r/Norocksolo/~3/TYUJ82q_s28/ ¿El rock está muerto? ¿El rock es cultura? ¿el rock es una forma de vida? Rock español e internacional, para los mejores oídos.

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